• Miguel Angel Ortiz Bonilla

Paisaje en Tránsito. Hierofanías.

Actualizado: 2 nov




La permanencia y el tiempo, de los tres. Tensiones I.

Óleo sobre tela.

40x50cm.

2022.



La permanencia y el tiempo, de los tres. Tensiones II.

Óleo sobre tela.

40x50cm.

2022.



La permanencia y el tiempo, de los tres. Tensiones III.

Óleo sobre tela.

40x50cm.

2022.


La permanencia y el tiempo, de los tres. Temores IV.

Óleo sobre tela.

40x50cm.

2022.



La permanencia y el tiempo 18.

Acrílico sobre tela.

73x91cm.

2020.



La permanencia y el tiempo 27.

Acrílico sobre tela.

51x71cm.

2020.




La permanencia y el tiempo 35.

Acrílico sobre tela.

73x91cm.

2020.




La permanencia y el tiempo 44.

Acrílico y carbón sobre tela.

50x61cm.

2020.



La permanencia y el tiempo 50.

Óleo y carbón sobre tela.

110x170cm.

2021.



La permanencia y el tiempo 51.

Óleo y carbón sobre tela.

150x180cm.

2022.



La permanencia y el tiempo 52.

Óleo y carbón sobre tela.

153x183cm.

2022.





La permanencia y el tiempo 53, construcciones VIII.

Óleo, carbón y pastel sobre tela.

180x150cm.

2022.




La permanencia y el tiempo 54, construcciones IX.

Óleo y carbón sobre tela.

140x170cm.

2022.





De lo frágil y lo consistente I.

Grafito sobre papel.

28x28cm.

2022.





De lo frágil y lo consistente II.

Grafito sobre papel.

28x28cm.

2022.





De lo frágil y lo consistente III.

Grafito sobre papel.

28x28cm.

2022.


Paisaje en Tránsito, Hierofanías es una selección de una colección de pinturas creadas a partir del año 2020 y que sigue desarrollándose

Pinturas y dibujos de diversos formatos concebidos con materiales como la pintura al óleo, pintura acrílica y dibujo en grafito. Se crean con un proceso doble, entre lo gestual y el detalle, que exaltan a los materiales como forma de expresión plástica, visual.

Las obras se crean a partir de evocaciones de los paisajes del semidesierto y con referencias a la eclosión de la vida y los ciclos cósmicos




Paisaje

Francisco Robles Gil Martínez del Río


Yo soy de la idea de que cuando estamos reflexionando en torno a una palabra, primero hay que consultar su definición; para el caso de paisaje dí con las siguientes acepciones: 1.- Parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar; 2.- Espacio natural admirable por su aspecto artístico y 3.- Pintura o dibujo que representa un paisaje; estas tres definiciones contiene un común denominador, el sujeto que observa y puede llegar a representar aquello que examina atentamente, la definición sigue sin quedarme muy clara, lo cual, me lleva a preguntarme por la etimología del concepto, es decir, por su historia: ¿Cuál es su “origen”? ¿Qué significados ha contenido a lo largo del tiempo?

Estas preguntas me llevan a revisar el diccionario etimológico de Joan Corominas que consulto en su soporte digital (PDF) en una computadora, la cual, tiene instalada el lector Adobe Acrobat y que, por alguna razón, que mi analfabetismo digital no me permite comprender, cuando oprimo las teclas ctrl f para buscar la palabra paisaje, emerge ante mí la siguiente leyenda “Adobe Acrobat finalizó la búsqueda del documento. No se encontró ninguna coincidencia.” Decido revisar aquel pergamino digital hasta llegar a las entradas que inician con la letra p, de pronto, me topo con un pequeño párrafo: “País, paisaje, paisajista, paisanaje, paisano, V. pago.

En esa misma página, a la misma altura de País, leo en negritas PAGO, palabra que en el imaginario de nuestros tiempos nos remite a una lógica económica que consiste en el intercambio de dinero por labor realizada, es decir, al trabajo, pero la entrada me aguardaba una sorpresa: -distrito agrícola-, es lo que leo después de la coma; sigo leyendo, y me doy cuenta de que aquella palabra hace eco del latín pagus -pueblo, aldea-; ambas remiten a las acepciones “originales” de paisaje, entonces, además del sujeto que observaahora tengo una demarcación geográfica; Corominas me lleva al siglo XIII (1220- 1250) en el que una de las derivaciones de PAGO es paganus -campesino-; algo que me llamó la atención es que después de -campesino-, el autor escribe “[…] y en el lenguaje eclesiástico -gentil, no cristiano-“, lo cual, me lleva a pensar en un sujeto que habita más allá de las murallas que resguarda la polis cristiana, es decir, el pagano; sería hasta el siglo XVIII (1700) que la lengua francesa empezaría a enunciar paysage; paisajista, paisano ¡estoy pues, frente a la acepción que me llevó a hacer este recorrido etimológico!

El paisaje como una interpretación que de su entorno tanto cultural como natural hace el sujeto, en este caso, el paisajista; aquella nunca es una mirada impoluta, es decir, neutral, siempre busca provocar algo en quien observa su creación, y cuando escribo paisajista no me refiero únicamente a aquél que tiene el oficio de la plástica; el paisajista también puede ser una entidad metafísica como el Estado-nación, una comunidad imaginaria en la que a través de ciertos rituales se homogeniza tal o cual geografía, pienso en los paisajes monumentales que he observado en Palacio de Bellas Artes, Palacio Nacional, o el Edificio de la SEP, recintos a los que asistimos para ser testigos de aquellos trazos míticos en los cuales se plasma “el origen” de la nación, en este caso, el paisaje-mural nos evangeliza en el credo nacional: “Bandera de México, legado de nuestros héroes, símbolo de la unidad de nuestros padres y de nuestros hermanos, te prometemos ser siempre fieles a los principios de libertad y de justicia que hacen de nuestra Patria la nación independiente, humana, generosa a la que entregamos nuestra existencia.”

Entonces, además de una interpretación, el paisaje es también una narración que hace inteligible nuestro entorno cultural y natural, a la cual, le subyace una dimensión afectiva y psíquica que moldea nuestras formas de habitar el mundo, y entonces, cuando hay narración, hay temporalidad y cuando hay temporalidad, estamos frente a nuestra historia, la cual, desde el paisaje-mural del Estado-nación se narra a partir de una teleología, en donde el tiempo es lineal y hay un destino manifiesto; en contraste a estos trazos míticos y monocromáticos, la reflexión en torno al paisaje puede tornarse histórica y policromática, es decir, adquirir una complejidad que a su vez nos otorga mayor claridad a la hora de contemplar nuestro entorno para así devenir paganos y poner en tensión el carácter homogéneo del credo nacional; es este gesto crítico el que aparece en la obra de Miguel Ángel Ortiz Bonilla.

El paisaje, a través de los ojos de un Biólogo.

Dr. Lenin Sánchez Calderón

https://www.researchgate.net/profile/Lenin_Sanchez-Calderon

ResearcherID A-9916-2013

ORCID iD 0000-0002-4141-0386



Existe un considerable número de palabras que su definición no necesariamente puede obtenerse de manera consensuada y que el significado dependerá del grupo sociocultural en el que se discuta. Una de estas palabras, que es la que atañe a este breve escrito, es paisaje. Basta con situarse en algún punto del lugar en el que habita, claro donde confluya diferentes tipos de gente, y preguntar a los transeúntes ¿qué es el paisaje?, para darse cuenta de que las definiciones pueden ser varias. Me atrevo a invitarlo a que lo haga, no importando que la cuidad que habita sea de las que no han querido o podido abandonar el siglo pasado. Se sorprenderá cómo a partir en sus antecedentes cognitivos, la gente construye la definición, brindado así, una gran diversidad de respuestas. Por citar algunos ejemplos colectados en mi nostálgica ciudad: si la persona a la que le pregunta es orgullosamente oriunda, usara el paisaje más icónico del lugar que habita, si se encuentra con un artista, utilizará como referente la obra de José María Velasco, del Dr. Atl e incluso a Jorge Cazares Campos -éste último recibido con gran alegría dada mi afición cuando niño de coleccionar cajas de cerillos- o si el entrevistado tiene formación científica, utilizará términos como geoforma o flora, para generar el concepto de paisaje. Con esa diversidad de respuesta queda clara la inherente complejidad del concepto de paisaje.

Entonces, ¿qué es el paisaje? Para un persona con formación científica, es necesario usar esta palabra como un término técnico que pueda ser usado universalmente, que sea delimitado conceptualmente y así evitar la interpretación subjetiva que entorpezca su estudio y comprensión. Es interesante saber que la palabra paisaje, que por siglos ha sido parte del patrimonio artístico, fue adoptada por la incipiente ciencia hace más de dos siglos y junto con la ciencia ha madurado hasta el concepto contemporáneo, que dicho sea de paso, aún no esta terminado.

Desde hace más de dos siglos, los primeros historiadores naturales, resumían, analizaban y describían sus viajes alrededor del mundo por medio de los paisajes, sin embargo, no se molestaban en definir el concepto. Durante la primera mitad del siglo pasado tanto la geología, como la ecología fueron creciendo y generando las bases, hasta que en 1939 Carl Troll propone una ciencia interdisciplinaria conocida como ecología del paisaje, tiene como interés es el estudiar los patrones y procesos ecológicos en un espacio que percibimos (Durán et al. 2002). En el último cuarto del siglo pasado, la ecología del paisaje se ha desarrollado ampliamente y los conceptos han ido madurando.

Una vez platicada la historia y acotado el campo disciplinar, ahora sí puedo definirle el paisaje como un “ecosistema acotado espacialmente a nivel de mesoescala, de naturaleza heterogénea y que presenta una estructura inherente, la cual esta conformada por parches homogéneos en sus características edáficas (suelos), litológicas (rocas) y topográficas, así como biológicas (vegetación u otros organismos estructural o funcionalmente importantes)” (Duran et al., 2002); cabe señalar que en esta definición, la mesoescala es una escala espacio temporal que va de hectáreas a cientos de kilometros cuadrados y de lustros hasta decenas de siglos. Otra definición que no se contrapone es “una porción de territorio heterogénea compuesta por un mosaico de distintos tipos de coberturas” (Arroyo-Rodríguez et al., 2017).

En ambas definiciones el punto central es la delimitación de un área o porción de territorio el cual esta compuesto por parches. Para entender está idea le agradecería posara la vista en el horizonte y observe los contrastes en la vegetación. Al hacer esto puede observar crestas cerriles con abundante numero de plantas que cambia drásticamente dependiendo de la ladera del cerro que este observando, además, puede ver en las partes bajas planicies con vegetación diferente a la cresta cerril e incluso con zonas de agricultura. Después de hacer lo anterior, le quedará claro que el paisaje no es algo que este igual (es heterogéneo), que esta formado por parches (tipo de vegetación), que cada parche es direrente al otro parche, pero que al interior cada parche es parecido (homogéneo). Ahora bien, si usted viaja en avión, al observar por la ventanilla, serán aún más evidentes esos parches y a partir de esos dos ejemplos es obvia la importancia de la escala para delimitar el paisaje.

Una de las definiciones, de manera explicita, menciona la escala del tiempo como un elemento importante en el concepto de paisaje, explico la importancia: Si posa la vista al horizonte, siempre en la misma dirección, en algunas ocasiones a lo largo del año y por algunos años, vera que la apariencia de esos parches cambia estacionalmente, dependiendo de las lluvias, el frio etc. Si cambiamos la escala de tiempo y ahora lo que hace es comparar fotografías aéreas o imágenes satelitales, se dará cuenta que el paisaje cambia. Por lo que es un gran error el considerar lo como una entidad inmutable, además hay que considerar a este como un reflejo de los procesos ecológicos presentes y la historia de procesos biológicos desarrollados en él a lo largo del tiempo. Es este punto es necesario aclarar que como con las balas, en un paisaje lo preocupante no es el cambio, sino la velocidad con la que se esta dado. Lo anteriro me lleva al útimo punto que quisiera platicarle en este texto.

Aunque estas definiciones no menciona implícitamente al humano, este forma parte de ellas como uno de los componentes biológicos. Desde que aparecieron los homínidos, pasando por el desarrollo de la agricultura, la revolución industrial, la revolución verde y hasta el contemporáneo desarrollo digital, el hombre ha modificado su entorno. Esta relación milenaria ha traído como consecuencia que todos los paisajes contemporáneos se encuentran modificados por su actividad directa o indirecta, de hecho en los últimos siglos la actividad humana ha trasformado drásticamente el paisaje, por ejemplo cada vez son más pequeños y más dispersos los parches con vegetación nativa, y las áreas agrícolas se distribuyen de manera amplia.

Para recapitular y finalizar, en el paisaje podemos encontrar componentes abióticos: montañas, valles, llanuras, cañadas, costas, diferentes tipos de suelo, de roca madre etc., es decir todo aquello que no tenga vida, además, están presentes los componentes bióticos: plantas, animales (entre ellos el hombre), hongos, microorganismos. A lo largo de la historia del paisaje, los cambios en los componentes abióticos están influidos por los cambios en los bióticos y viceversa. Cabe recalcar que el concepto ecológico de paisaje es un componente crucial de la biodiversidad. La megadiversidad de nuestro país se ve reflejada en la diversidad de paisajes, el comprenden los procesos que se dan en al interior y entre los paisajes son una herramienta de gran utilidad para su manejo y conservación.

Bibliografía

Troll, C. (2003). Ecología del paisaje. Gaceta Ecológica, 68, 71–84.

Durán, E., Galicia, L., Pérez-García, E. y Zambrano, L. (2002). El paisaje en ecología. Ciencias, UNAM, 67, 44–50.

Arroyo-Rodríguez, V., Moreno, C.E. y Galán-Acedo, C. (2017). La ecología del paisaje en México: logros, desafíos y oportunidades en las ciencias biológicas. Revista mexicana de biodiversidad, 88 42-51



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