- Miguel Angel Ortiz Bonilla
- hace 1 día
- 2 Min. de lectura

Del sol y tierra. Pirámide Verde II. 2025
Lapices de colores sobre papel.
34x50cm

Del sol y tierra. Pirámide Verde I. 2025
Lapices de colores sobre papel.
34x50cm

Del Sol y Tierra. De las formas II. 2025
Tinta, grafito y carbón sobre sobre papel imprimado.
50x70cm

Del Sol y Tierra. De las formas I. 2025
Tinta, grafito y carbón sobre sobre papel imprimado.
50x70cm

Par. 2025
Óleo y carbón sobre tela.
40x59cm

Del Sol y Tierra. Impresión V. 2025
acrílico, grafito y xilografía sobre sobre papel .
31x23cm

Del Sol y Tierra. Impresión IX. 2025
Grafito y xilografía sobre sobre papel
31x23cm

La Permancia y el Tiempo 18. 2020-2025
Acrílico y carbón sobre tela.
73x91cm

Interno. 2025
Óleo y carbón sobre tela.
40x59cm

De la serie Los que escuchan. Construcción en el desierto. 2018-2025
Óleo sobre tela.
80x120cm

La Permancia y el Tiempo 7. 2020-2025
Óleo y carbón sobre tela.
80x80cm
Miguel Ángel Ortiz Bonilla el paisaje y las piramides.
En su creación plástica (pintura, dibujo, grabado e instalaciones), las pirámides y el paisaje son motivos recurrentes que se pueden entender como una reflexión sobre la relación entre lo antiguo y lo contemporáneo, la memoria cultural mexicana y la interacción humana con el entorno.Las pirámides en su obraLas pirámides no se representan de manera realista o arqueológica (como las de Teotihuacán o Chichén Itzá), sino como formas simbólicas, geométricas y a menudo abstractas o surrealistas. Aparecen integradas en paisajes desérticos o semidesérticos, evocando las estructuras prehispánicas como emblemas de permanencia eterna frente al paso del tiempo. Series como Permanencia y Tiempo (Permanence and Time) muestran pirámides solitarias o gemelas en horizontes vastos, pintadas en óleo o acrílico, con tonalidades terrosas y contrastes luminosos. Estas formas piramidales simbolizan la resistencia de las culturas ancestrales en un mundo moderno, cuestionando cómo lo antiguo persiste en la naturaleza alterada por el hombre.
El paisaje
El paisaje en Ortiz Bonilla es árido, minimalista y onírico, inspirado en regiones como el semidesierto mexicano o entornos urbanos periféricos (incluso referencias a Tijuana). Usa técnicas mixtas (carbón, tinta, acrílico, collage, xilografía) para crear cielos expansivos, tierras agrietadas y horizontes que fusionan lo natural con lo construido. El paisaje actúa como escenario para meditar sobre la transformación ambiental, la soledad humana y la huella cultural. No es un paisaje romántico o idílico, sino uno que invita a la contemplación de la transitoriedad y la durabilidad.
Interpretación conjunta
La combinación de pirámides y paisaje permite entender su obra como una exploración poética de la identidad mexicana: las pirámides representan lo eterno y lo sagrado prehispánico, mientras que el paisaje refleja lo efímero y lo alterado por el tiempo moderno. Es una crítica sutil a la pérdida cultural y ambiental, influida por el surrealismo (formas flotantes o inesperadas) y el arte ancestral (geometría pura, monumentalidad). El espectador se invita a reflexionar sobre cómo los símbolos antiguos dialogan con el presente en un entorno transformado.
Grok













